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Terra
La Coctelera

La tranquilidad...

No sé si alguna vez he escrito algo sobre la tranquildad. Para mí es una sensación única. Tener la mente en blanco, sin nada que te atormente o te produzca deshasosiego.
La tranquilidad es el sustento de la estabilidad emocional y el equilibrio personal.
Si me preguntasen que es para mi la tranquilidad, cerraría los ojos y me vería en un atardecer a finales de un verano, tumbado sobre la hierba de un campo cualquiera, mirando un cielo moteado de nubes, y sintiendo una suave brisa acariciándome la piel. Si, ya sé, algo cursi, si qué es... Pero, a que es agradable

Sobre el amor y cariño...

¿Alguien se ha planteado alguna vez elegir entre amor y cariño?
Considero que son sentimientos diferentes, a veces complementarios, pero no son lo mismo.
El amor puede llegar a ser visceral y convertirse en odio sino cumple las expectativas que depositamos en él.
El cariño es ternura, comprensión, esa palabra de ánimo que alguien dice y que reconforta tu interior.
El amor es pasión, entrega hasta el final, es físico y emocional. Te hace sentir fuerte o débil.
El cariño es suavidad, caricias sobre la piel como la brisa que te envuelve en un atardecer.
El amor es duro, arrolla, te duele y te hacer reir y llorar.
El cariño es tranquilidad, es cálido y delicado si es sincero.

El cariño...

Hoy necesito escribir...

Son las ocho de la tarde. La noche comienza a dominarlo todo.
Neones, luces... luchan con la noche y su oscuridad.
La gente se enfunda entre su ropa para evitar el frío mientras apura su paso para refugiarse en casa.
Es curioso. Las ciudades son los lugares donde la presencia humana se hace más patente pero al mismo tiempo es donde las relaciones son más frías y distantes, por no decir nulas.
Quizás por eso me gusta el campo y mi aldea. Es como estar en la ciudad, solo, pero rodeado de naturaleza.
A veces, pienso que hace más compañía el canto de una pájaro o el movimiento de los árboles con el viento, que el ruido de los coches, sirenas y murmullo de la gente.
Siempre me he preguntado porque me gusta tanto la soledad. Porque me al poco tiempo de conocer a alguien me... aburre o me cansa. No quiero ser pretencioso pero sería mentira decir que siento otra cosa.
Considero que la soledad es para la mente como el jabón para las manos. La limpia y oxígena...

Y la vida pasa..

Hoy es de esos días, que cuando haya pasado un par de semanas ni te acordarás de que has hecho durante su paso. Supongo que lo de siempre. Simplemente pasa.
Veo la calle a través de la ventana de mi despacho.
La gente que veo pasar me parecen autómatas. Ensimismados en sus pensamientos. La mayoría no gira la cabeza cuando una ambulancia hace sonar sus sirenas advirtiendo que dentro de sus paredes puede que alguien se esté debatiendo entre la vida y la muerte.
En la esquinas un anciano de avanzada edad tumbado en un trozo de cartón levanta una mano solicitando limosna. Uno, dos, tres ... hasta diez personas pasan y ni siquiera se dignan a mirar por temor a que la mendicidad sea contagiosa y algún día pueda sucederles a ellos... Ojos que no ven...
Somos egoístas por naturaleza. Creo que lo llevamos grabado en algún gen.
Nos encerramos en nosotros mismos por temor a algo o alguien que no conocemos pero al que le tenemos miedo.
El cielo esta gris y triste... y la vida pasa...

¿Qué es lo que me falta?

Hace años que no siento el verano como algo apetecible. La mayoría de los mortales desean que llegué para disfrutar de días de asueto, familia, amigos, descanso, fiestas...
Pero yo no, o por lo menos no lo siento así. No descanso, no disfruto... sigo pendiente de que algo me ha quedado por hacer y no consigo desconectar.
El otro día el médico, bueno, la médica me dijo que tenía el colesterol por las nubes. Lo que me faltaba.
Tengo 41 años. Y sé que lo que voy a escribir suena ridículo. Hace unas semanas, mientras daba vueltas para conciliar el sueño, eché números para saber cuando podría jubilarme. Si, ya sé que me queda mucha vida por delante y todo eso. Yo mismo me escandalicé al final cuando fríamente me percaté de los cálculos que estaba haciendo.
Es que veo esas fechas como una liberación. Como es posible que la vida me esté agobiando tanto. Tengo una hija maravillosa, gente que me quiere y aprecia o eso creo, tengo un trabajo que aunque odio, es estable y creo, bien remunerado, una casita en una aldea donde refugiarme los fines de semana, ... pero ¿qué es lo que me falta? ¿porque tengo la sensación de que la vida me asfixia?

Para Jana...

Me has leído el pensamiento. LLevaba tiempo sin escribir, y empezaba a necesitarlo. No sé, quizás no tenía nada que decir o lo que tenía que decir no era digno de ser escrito.
Lo que más me impresiona de la gente que nos deja no es la muerte en sí, sino es el olvido. Ese olvido que es como un manto vegetal que lo va cubriendo todo poco a poco hasta que finalmente desaparece.
El olvido. Me parece peor incluso que la muerte. Necesité escribir sobre mi padre porque me dolía que nosotros, su propia familia, comenzásemos a verlo como un algo lejano que se va desvaneciendo.
Frente al olvido el recuerdo. Su risa, su lucha diaria, su ánimo que solo fue vencido por el cáncer.
Gracias Jana, por recordarme que siempre hay algo que decir

Mi padre

Hace 15 años que falleció... Sus restos reposan en una aldea perdida del interior de Galicia. Un par de veces al año visitamos su tumba, dejamos unas flores, rezan los que creen y el resto recordamos su memoria...
El otro día por temas personales pasé cerca de la aldea y me acerqué. Era un día gris plomizo, triste ... Caía una persistente lluvia fina, típica del norte que suele empapar hasta los huesos. El cementerio estaba como siempre solitario y el tiempo aún lo hacía más.
La mayoría de las tumbas están descuidadas, de gente cuyos descendientes emigraron y que nunca más volvieron para recordar a sus antepasados. Algunos, con el paso de los años, seguro que no saben ni donde están sus orígenes. Cada vez que voy me estremezco, siento una sensación rara, un escalofrío que me recorre al ver tumbas de 40, 50 e incluso 100 años totalmente olvidadas, sucias y donde el musgo campa a sus anchas. ¿Qué habrá sido de los familiares de esta gente?¿Donde estarán? ¿Alguien alguna vez se acordará de ellos? Es triste, muy triste...
Supongo que a la tumba de mi padre, con los años, le pasará lo mismo. Mis hijos y los hijos de estos se olvidarán de sus raíces que se sumergen en esta aldea remota de casas abandonadas, derruidas y cubiertas por la maleza.
Mi padre se pasó la vida trabajando. Duro, muy duro desde los 14 años y cuando decidió retirase a los 67 años y volver a la casa que lo vió nacer, a la casa de sus padres que con esmero renovó durante sus últimos tiempos, un cáncer lo devoró en cuestión de tres meses. En solo tres meses. Apenas me dió tiempo darle las gracias por lo que había hecho por mí, por enseñarme a ser honesto. La vida ¿es justa?... Acaso no merecía al menos un dos o tres años para disfrutar un poco.
Escribo esto su memoria, esperando que la supuesta eternidad digital permita que permanezca en el tiempo su memoria.
Papá, me siento muy orgulloso de haber sido tu hijo... Te echo mucho de menos. Por fín he podido decírtelo.

Seguimos

Hoy es de esos días que ni fu ni fa... Que pasé pronto, para volver a casa para estar con la familia y olvidarte de todo.
Tuvé un par de días de duro trabajo... Para olvidar.
Me vienen recuerdos de mi niñez. Mi madre tenía una pequeña tienda de comestibles en un no menos pequeño pueblo. Mis tardes transcurrían sentado en la entrada mientras ella ganchillando hacía tiempo para que de vez en cuando entrase una clienta, la despachase, le hiciese la cuenta en un trozo de papel que aprovechaba para envolverle algún producto y al mismo tiempo que hablaban de tal o cual vecino, del tiempo o de la última noticia del único telediario que existía por entonces. Al anochecer el polícia local, que por no tener no tenía ni porra, iba recordando a todos aquellos negocios que fuesen cerrando que era la hora.
Era todo tan sencillo...